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Las PyMEs en la economia de Venezuela

Por: Maximiliano Vasquez Ayestaran

Sobrevivir a la crisis económica más profunda y prolongada en la historia contemporánea de América Latina no ha sido un accidente, ha sido un acto de resistencia, ingenio y tenacidad. En ese escenario adverso, signado por la hiperinflación, la contracción del consumo y la restricción del crédito, existe un actor determinante que nos atiende de manera constante en nuestras necesidades de servicios o productos y que ha mantenido en pie la dinámica productiva diaria del país, el pequeño empresario. A menudo invisibilizados tras las grandes cifras macroeconómicas, los micro y pequeños emprendedores conforman la columna vertebral del tejido productivo venezolano. Son ellos quienes aseguran los eslabones fundamentales en las cadenas de valor de la gran agroindustria, la manufactura y el sector servicios. Desde el transporte de insumos hasta la asistencia técnica en el campo, pasando por el comercio minorista, el turismo local y el microcrédito oportuno, la gran industria no podría operar ni distribuir sus productos sin esta densa red de pequeñas operaciones que dinamizan el flujo económico en cada provincia.

Esta estructura no es una particularidad de la emergencia venezolana. Si observamos las economías más sólidas y resilientes del planeta, el patrón se repite. En Alemania, las pequeñas y medianas empresas familiares representan cerca del 90% de todas las compañías del país y generan más del 50% del empleo. En Japón, las PyMEs constituyen más del 99% del entramado empresarial y fueron el verdadero motor de la milagrosa reconstrucción de posguerra. Ambos gigantes globales basan su competitividad internacional no solo en sus multinacionales, sino en la solidez, adaptabilidad e innovación de su pequeña empresa.

Para Venezuela, y de manera prioritaria para regiones fronterizas y productivas como el estado Táchira, la ruta de la recuperación regional y nacional pasa de forma inevitable por el fortalecimiento de este estrato productivo. Sin embargo, el esfuerzo aislado del emprendedor requiere de aliados estratégicos que entiendan la realidad del entorno local.

En este desafío, instituciones con trayectoria comprobada se convierten en piezas fundamentales para el desarrollo. Experiencias como la de Finampyme, que durante 28 años ha acompañado de forma ininterrumpida al micro y pequeño empresario mediante financiamiento, capacitación y asistencia técnica, demuestran que la inclusión financiera es posible y necesaria cuando se edifica sobre la confianza y el conocimiento del terreno.

La reconstrucción de la economía venezolana no vendrá exclusivamente desde arriba hacia abajo. Se está gestando desde las bases, en cada taller, en cada unidad de producción agrícola y en cada pequeño comercio que abre sus puertas cada mañana. Proveer a estos actores de herramientas crediticias, formación técnica y condiciones para su formalización no es una medida asistencial, sino la inversión estratégica más inteligente para garantizar un crecimiento económico inclusivo, sostenible y duradero.